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domingo, 8 de junio de 2014


Te conozco casi completamente
y  lo que me falta por conocer será un misterio que sólo Dios Sabe.
Miro alrededor el cúmulo de mentira en objetos disfrazados de verdades;
de urgencias sin sentido, de necesidades inventadas,
De destinos inciertos que se desvanecen en el nebuloso porvenir;
y vuelvo a mirarte, y vuelvo a observar cada detalle de vos
y vuelvo a enamorarme; estás allí como el sueño inalcanzable
como la promesa detenida; como un sueño que por ser sólo sueño
se vuelve una pesadilla.
Estamos cerca y olemos el amor;
lo palpamos etéreo pero verdadero;
 luego escondemos nuestras miradas como niños traviesos
que se miran y se sonrojan.
Tu rostro le queda bien a mis caricias
mis manos le quedan bien a tu cintura
y mis labios sólo saben besar los tuyos.
¡Ay Dios! Tu sabes cuanto la amo,
tu sabes que moriría por ella,
tu sabes de mi boca el sí acepto que la aguarda;
conoces mis largas oraciones, mis desvelos por pensarla,
mis poemas que la invocan, que la nombran que la llaman…
Pero los días se suman; mi barba pinta canas,
los años corren como agua precipitada al vacío,
el tiempo no se interrumpe
pero los relojes se detienen  en algún momento;
y nosotros… nosotros con ellos.

Diego Emilio Corzo



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