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lunes, 24 de junio de 2013

Te sabía de memoria...



Te sabía de memoria
te leía en todos los idiomas
y en la distancia tus silencios,
decían más que tus palabras.
Podría dibujarte tal cual eres
sin tener siquiera idea de técnicas de dibujo,
podría enumerar tus lunares
y el lugar preciso de tus pecas.
Puedo saber de tus intenciones
con sólo mirar el movimientos de tus labios
y el cristal de tus pupilas al mirar.
Y me digo ¿porqué tuve que aprenderte tanto?
¡Cuánto me cuesta desaprenderte
hasta hacer de vos, una extraña!
y en esa tarea que amerita la obediencia
te extraño con esperanzas en Dios
que escribe derecho sobre renglones torcidos.

Diego Emilio Corzo.

domingo, 23 de junio de 2013

El encierro se asemeja...




El encierro se asemeja a la tumba
El fallecido desaparece del mundo
Es puesto en su nicho
Y de ves en cuando recibe una visita

Sólo que los muertos ya no sienten
Mientras que los presos han muerto al tiempo
El tiempo se convierte en su verdugo
Y sus vidas se convierten en espectros.

Anhelan la libertad con esperanza
pero empuñan la insolencia como escudo
cuando al fin cumplen la condena
y salen de sus tumbas pero sus almas quedan dentro.

Es triste la vida del condenado por sus actos
Pero más triste cuando no siente remordimiento
Y los que si se arrepienten y lloran su culpa
A esos Dios perdona; a esos Dios los llama hijo

Y aunque el mundo los juzgue y les ponga títulos
Eso no les afecta, no por recelo o rencor,
Sino porque en éste mundo no está su ciudadanía,
Sino en los cielos, y el gozo de la vida eterna.

Porque Dios mira el corazón de los hombres
Y no su apariencia, él sabe quien le ama y quien le desprecia,
Y el carcelero que azotó a escondidas al violador,
Al homicida, o al ladrón; y se enorgulleció de hacer su justicia;
Sin tener en cuenta la justicia de Dios;
Será condenado en el día del juicio
por aquellos que él azotó,
Si éstos condenados arrepentidos confesaron sus pecados
Y entregaron sus vidas al señor.

Porque los justos heredaran el reino de los Cielos
Y el justo no es quien se jacta de su justicia
Sino que pone la justicia de Dios antes que la suya.

Diego Emilio Corzo  

viernes, 21 de junio de 2013




Confundí un instante con el infinito
y entregué de mis labios los mejores besos,
de mi corazón, los más profundos secretos;
no oculté mi debilidad ni el pasado inalterable
puse mi alma al sol para no quedar nada a oscuras.

Toleré lo intolerable, esperé lo que nadie espera,
perdoné lo que para algunos es imperdonable,
y desaparecí en el silencio sacrosanto de la divina voluntad.

Hoy recojo olvido desierto y despojos.
trago el sabor de la desilusión
y el consuelo de la revelación
he amado ciegamente
y en tinieblas palpaba lo que pensaba me pertenecía
cuando en realidad ponían frente a mí,
un rostro que no era real;
eran las sobras de un viejo amor
el eco de una entrega ajena
que encontraba su saciedad…en mi.

Diego Emilio Corzo.


jueves, 6 de junio de 2013



Colapso de la Espina y la Espiga.

La noche trae el eco de una jornada agitada
que parece no encontrar descanso;
y tras los párpados cerrados prosigue en imágenes oníricas,
mientras mi pecho sufre el colapso de la espina y la espiga;
una me desgarra gota a gota, en el ahora,
empuñada por la ausencia;
la otra trae aroma de abundancia a futuro.

Aunque reflexione esto,
entre la razón perspicaz y la inmutable Fe que se me otorga;
cada saeta de su mirada la llevo conmigo,
cada lágrima de amor, capricho, o injusticia
me envuelven en los continuos segundo impiadosos.
Muchos dirán “hombre de doble ánimo”
mas yo, solo yo, sé que es porque estoy enamorado.
Muchos desconocen que el amor no corresponde solo a dos seres
sino que son tres los que participan:
hombre mujer y señoreando entre ellos Dios.

He oído por allí que es la actitud lo que importa,
mas la actitud sin un sabio concejo puede ser
solo impulso para tropiezo, una decisión premeditada;
¿Cual es la premisa entonces?
¿Quedarnos inertes?
Tan solo es, ser pacientes.
¿Por cuánto tiempo?
En los tiempos de Nuestro Dios.

Diego Emilio Corzo.
(Derechos reservados) 


miércoles, 5 de junio de 2013

Al despertar...




Al despertar vi a mí alrededor un centenar de inútiles cosas,
donde en cada una de ellas creía encontrarme conmigo mismo;
despertaban el orgullo de mis gustos y anhelos,
era mi pequeño imperio, reflejo de mis pasiones,
pañuelo de mis desaciertos y aciertos
y cada rincón se comenzaba a llenar más y más.
Ese imperio comenzó a quedarme pequeño,
incómodo y polvoriento;
sin saberlo era la tierra que cubría mi tumba.
¡Estaba edificando con ella mi sepulcro!
Hoy estoy hastiado de ello,
mi vida no descansa en la materia de mis posesiones,
despierto sacando los escombros de mis ojos
y puedo vislumbrar en lo alto, en los cielos,
donde se halla la verdadera Gloria,
que allí hay descanso para mi alma,
que en los cofres del reino celestial están, los verdaderos tesoros,
que dirán, cuanto realmente he vivido.

Diego Emilio Corzo.