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lunes, 6 de mayo de 2013




Ayer moría asesinado por una palabra
y en la agonía sólo me acompañaba la soledad
y como un sepulturero con pala al hombro
el silencio esperaba mi expirar.
Quien había disparado tales municiones cargadas de veneno,
muere día a día bajo el peso de su propia maldad.
Yo sobreviví; siempre me levanta de entre los muertos
una mano que da cuerda a mi viejo reloj;
siempre esa misma mano me indica “ve, y sigue caminando”
no antes, sin darme un fuerte y amoroso abrazo;
y así prosigo peregrino, caminando entre municiones en el suelo,
entre trincheras y heridos a palabrazos
alentando a los caídos a levantarse y seguir sus caminos
porque esa es la vida del soldado
esforzarse y ser valiente y alentar a sus compañeros ;
y el que nos cura las heridas en beligerancia,
el que nos dice “levántate y anda” es nuestro Jesucristo
que nos asegura la batalla ganada.

 Diego Emilio Corzo.